CRÍTICA – Deseos velados, de Eve Silver

Portada de "Deseos Velados"  (2008), una novela romántica gótica  editada por Manderley.

Portada de "Deseos Velados" (2008), una novela romántica gótica editada por Manderley.

Datos del libro

Título: Deseos velados, 2008 (Dark desires, 2006)

Serie: Dark Gothic ; 1.

Editorial: Manderley.

Argumento

A finales del s. XIX, el infame distrito de Whitechapel en Londres se convierte en el escenario de los espeluznantes asesinatos perpretados por el asesino conocido como Jack El Destripador. Una de las grandes incógnitas que a día de hoy no se ha podido desvelar es la identidad real que se ocultaba bajo ese apodo, aunque hay pistas que apuntaban a alguien de la alta aristrocracia con grandes conocimientos en medicina. La autora Eve Silver ha combinado estas especulaciones fruto del misterio alrededor de El Destripador y el tema de los ladrones de cadáveres en una digna novela, protagonizada por una dama caída en desgracia, que es contratada como empleada doméstica en la casa de un médico anatomista, sobre quien pesan serios indicios de que podría nutrir su laboratorio de cadáveres robados, además de estar detrás de extrañas desaparaciones y sucesos acaecidos a otras empleadas suyas.

Crítica

“Deseos velados” es una excelente y muy digna novela de debut de Eve Silver, sobre el tema de Jack el Destripador, con un ambiente muy gótico, oscuro y ominoso, sobre todo al principio. Darcie se presenta como una sirviente apocada y asustadiza, que te puede llegar a irritar, y su relación con Damien, el doctor Cole, progresa con mucha lentitud. Aunque la autora es capaz de lograr crear una gran atmósfera de incertidumbre y terror, la narración resulta un tanto tediosa y soporífora, ya que lo que interesa sobre todo es mantener ese ambiente de incertidumbre. La segunda mitad es más entretenida porque empiezan a aclararse los misterios y Darcie tiene más rasgos propios de una heroína típica, así que la lectura resulta más agradable y no puedes abandonarla hasta saber la explicación de todo. También me costó digerir un tanto el estilo literario, en especial en las escenas amorosas, que no son muchas ni tampoco explícitas ni de mal gusto. En general, sí que la recomiendo, pero teniendo en cuenta que hay claramente dos partes diferenciadas, y que el personaje de Darcie cambia mucho de una a otra.

Sombras…

Por un lado, la primera mitad de la historia tiene una atmósfera muy gótica, muy opresiva y agobiante. Esta sensación de agobio se produce por la incertidumbre permanente alrededor de toda la serie de sucesos y descubrimientos espeluznantes que realiza la protagonista, Darcie Finch. Es lógico que para que esta incertidumbre se mantenga la historia se tiene que contar necesariamente desde el punto de vista exclusivo de Darcie y no se sepa nada de la otra parte, el médico Damien Cole.

Darcie es una joven de buena familia caída en desgracia, que se ve obligada a sobrevivir en Whitechapel y pedir ayuda a su hermana Abigail Feather, también caída en desgracia, y que ahora regenta un prostíbulo. Abigail le recomienda que acuda a la casa del doctor Cole.

Damien Cole es el mayor enigma en torno al que giran todos estos extraños sucesos y especulaciones. Darcie se cuestiona

Madame Abigail Feather es la hermana mayor de Darcie y la mujer que le recomienda acudir al Doctor Cole. Abigail también podría conocer al Destripador quien asesina a una de sus chicas.

Madame Abigail Feather es la hermana mayor de Darcie y la mujer que le recomienda acudir al Doctor Cole.

constantemente quién es de verdad Damien Cole, ya que por todo lo que sabe ella, el anatomista podría trabajar con cadáveres robados. Además arrastra rumores como haber sido expulsado de la Universidad, posibles acusaciones de asesinatos, su conexión con Whitechapel a través de la hermana de Darcie, la madame Abigail Feather; también podría ser el posible responsable de la desaparición de una de las empleadas domésticas y del intento de estrangulamiento a otra empleada, y el mayordomo Poole es casi tan siniestro como el doctor.

Por no decir nada de las ansias médicas de Cole para conseguir la inmortalidad, el retrato de la misteriosa muchacha de cabello oscuro que se interpone entre Darcie y Damien, de las constantes advertencias que le hacen a Darcie para que tenga cuidado o de la presencia malvada y amenazadora que Darcie intuye cada vez que se adentra en las calles de Whitechapel.

Todos estos elementos plantean una constante sensación de incertidumbre y siniestras posibilidades en torno a quién es Damien: ¿un médico honrado y bondadoso que ayuda a las prostitutas o el mismísimo asesino de Whitechapel?

En esta primera parte, Darcie es poco más que un ratoncillo asustadizo.

La pobre y aterrada Darcie Finch, se muestra como una mujer muy torpe, una mujer muerta de miedo que no hace más que pasar de un sobresalto a otro, de un susto a otro, y tirando cosas entretanto, que si un florero, que si la vela, que si un frasco de tinta, en fin, un desastre de mujer.

Cuando no está aterrada de miedo llega a ser una experta dibujante de huesos y corazones humanos (la propia escritora es licenciada en anatomía), gracias a lo cual pasa de fregona a asistente del doctor Cole y aumenta la intimidad con él.

Cuando conoce a Damien, para Darcie es como una visión, ella lo ve como un ángel dorado, de cabellos rubios y piel dorada y con un carácter bondadoso, amable y atento:

Había muerto en aquel instante. Y aquél era el ángel que había sido enviado para indicarle el camino.

Pero casi de inmediato, Darcie empieza a ver cosas siniestras en torno al médico, y con el badaje que ella arrastra tanto de su pasado (una inmensa desconfianza hacia el género humano tras haber sido vendida por su padrastro a unos desalmados de Whitechapel) como el conocimiento que tiene de los asesinatos de Whitechapel que ya están teniendo lugar y combinado con la general falta de información e impenetrabilidad característica del médico, empieza a imaginarse toda clase de explicaciones terribles para esos sucesos siniestros.

Darcie trabaja como sirvienta en la siniestra casa del Doctor Cole.

Darcie trabaja como sirvienta en la siniestra casa del Doctor Cole.

Aquí se muestra claramente el poder que tiene la sugestión de la mente para presentarnos una historia, una determinada realidad, en este caso de algo terrorífico y espeluznante, y que la autora se encarga de desmontar de forma gradual durante la segunda mitad de la novela.

Al final lo realmente interesante no es qué historia se cuenta, sino quién la cuenta, por eso el protagonismo de Darcie es tan importante para transmitir ese terror que ella siente. Es importante que ella tenga los rasgos que tiene durante la primera mitad de la historia: tímida, apocada, asustadiza, proclive a ataques de pánico, sustos y sobresaltos varios, su desconfianza permanente, etc. Para decirlo en otras palabras, la interpretación de la realidad que vive Darcie está totalmente condicionada por su forma de ser en ese momento.

El problema con esta magistral interpretación de la realidad que hace Darcie es que ya sabemos que Damien no puede ser el asesino. Para que esto funcionase totalmente como una historia de terror genuino, tendría que estar claro para nosotros, los lectores, que Damien podría ser el asesino. Aún así hay que reconocer el esfuerzo de la autora, ya que existe suficiente acumulación de misterios y hechos extraños para que la sensación de incertidumbre y terror sea casi igualmente efectiva.

Y luces

En la segunda mitad del libro, la autora se encarga de ir desentrañando cada misterio, hasta el punto de parecerse en algunos momentos a una novela de detectives. Deja atrás la atmósfera de terror y el gótico, y da un giro espectacular con Darcie.

La relación que se establece entre Damien y Darcie en la primera mitad de la novela se realiza de una forma muy sutil mediante un juego constante de miradas a través de cristales y espejos, y la intuición de la presencia mutua a través de las puertas cerradas. En este momento, apenas hay diálogos entre ellos:

Ella no pudo menos que preguntarse, como ya lo había hecho en más de una ocasión, si él tendría algún tipo de percepción mística, algún poder sobrenatural que le permitía saber exactamente dónde se encontraba ella.

La escritora Eve Silver utiliza los asesinatos de mujeres (Whitechapel, 1888) como telón de fondo en su novela "Deseos velados"   (2006).

La escritora Eve Silver utiliza los asesinatos en Whitechapel como telón de fondo en su novela "Deseos velados" (2008).

El punto de inflexión en su relación es cuando Damien convence a Darcie para que le cuente su pasado, simbolizado por una gran cicatriz en su mano. De este modo, Darcie consigue recuperar la confianza en sí misma, una vez que es capaz de confiarle la historia de cómo la vendió y la traicionó su padrastro. A su vez, ella consigue que Damien se confíe en ella, contándole su propio pasado tortuoso: se siente culpable por haber traicionado a un ser querido. Después de estas confidencias y gracias a su intimidad creciente, ambos parecen quitarse un enorme peso de encima.

La nueva Darcie parece una mujer completamente distinta, que ha recuperado casi por completo, la seguridad y la confianza en sí misma, así como el atrevimiento, la valentía y la resolución, aspectos inimaginables antes:

En realidad, parecía que últimamente era menos probable que se permitiera a sí misma ocultarse tras una apariencia de docilidad y miedo. Se preguntó si el hecho de compartir sus cargas y penas con Damien la había liberado de algún modo del terror y la angustia que la acosaban desde que su padrastro la había vendido por una bolsa de monedas.

Este cambio es el que la impulsa a averiguar la verdad detrás de los misterios:

La necesidad de descubrir la verdad se retorcía como un ser vivo dentro de ella.

La tentación de huir era casi irresistible, pero se mantuvo firme, pues aún tenía que encontrar las respuestas que estaba buscando.

La autora da bastante importancia al tema de la confianza, ya que Darcie a pesar de amar a Damien sigue con la idea de que no puede fiarse del todo de él. Este será el último escollo de su relación:

Era muy difícil para ella fiarse de alguien, pese a que deseaba enormemente poder confiar en él, en su espléndido ángel dorado.

No obstante, en algún rincón oscuro seguía oculto el germen de su tormento, la incapacidad de confiar plenamente en otra persona.

Sólo habló cuando estuvo segura de que él se había quedado profundamente dormido, de que sus palabras tenían como único destino sus oídos. Prometo amarte para siempre —le susurró, apartando un mechón caprichoso de su frente—. Pero en lo que a protegerme se refiere, mi querido Damien, sólo puedo confiar en mí misma.

Damien Cole es el principal sospechoso de los asesinatos de prostitutas en Whitechapel.

Damien Cole es el principal sospechoso de los asesinatos de prostitutas en Whitechapel.

Como decía antes, es practicamente imposible que Damien sea el asesino de Whitechapel. Para un lector de romántica, es fácil averiguar el por qué, en cuanto Darcie empieza a asociar a Damien con adjetivos relacionados con la luz: empezando por sus cabellos dorados, su identificación con el “espléndido ángel dorado” y las cualidades asociadas a éste de bondad, belleza e inocencia, su piel dorada, el color de sus ojos, como la “plata líquida”, grises claro. Lo más sorprendente en adjetivaciones, que merecerían una crítica aparte, es su olor a verano. Lo del olor a verano me ha llegado al alma. Hasta a la propia Darcie le resulta extaño:

Darcie cerró los ojos para inhalar el aroma que lo envolvía. Olía a… ¡a verano! ¡Qué idea tan extraña! Sin embargo, la comparación era apropiada. Podía sentir la tibieza de su pierna al rozar con la suya, el calor de su cuerpo a través de la tela de sus pantalones y de la barrera que formaban sus enaguas y su falda.

Ella podía sentir su calor, oler el perfume del jabón y del infinito cielo de verano que emanaba su cuerpo. Era curioso que ella pensara que él olía a verano. ¿A qué olía el verano exactamente? Acercándose a él, aspiró su fragancia.

(…) levantó la almohada y apretó su nariz contra ella para aspirar el perfume de sándalo y luz del sol que era propio de Damien.

(…) él exhibió su torso desnudo, cuya dorada perfección emitió destellos de luz.

Y, asociado a la luz del sol está el concepto de libertad:

No soportaba pensar que Damien estuviese en un lugar así, él que estaba hecho de sándalo, luz de sol y libertad.

Deseaba agarrarlo del brazo y sacarlo de aquel lugar gris y deprimente, hacerlo volver a su elemento natural: la luz del sol. Sí, él debería estar al aire libre.

El sol y el fuego son elementos que caracterizan a los protagonistas, y que los separan claramente de los hechos siniestros que les rodean, les devuelven la inocencia y expulsan la influencia nociva de su penosos pasados.

En un momento dado Damien le dice a Darcie:

Eres un fuego dentro de mí, Darcie, que lame los bordes de mi alma.

En otro momento, Damien coloca a Darcie justo bajo los rayos de sol que inciden en la cama:

Ella miró hacia la ventana, al rayo de sol que entraba por la cortina parcialmente abierta e iba a parar con total precisión a la colcha de satén color crema (…) Curiosamente, la idea de quedar desnuda ante él bajo la brillante luz del día la atraía en cierta manera.

Darcie lee la noticia del periódico sobre los asesinatos bajo el sol de la ventana de su ático.

Así pues, está claro que si la escritora relaciona la presencia de Damien con la luz, el sol, el verano y la libertad y su ausencia con el frío, las sombras, la oscuridad, la ausencia de fuego:

En aquel momento, la silenciosa casa parecía un eco de su propia soledad. Sin Damien, era como una tumba: fría y desangelada, un caparazón sin alma.

Damien no puede ser el asesino de Whitchapel y en este momento la nueva Darcie está convencida de que no lo es, a pesar de que salen a luz nuevos datos que apuntan a que Damien es claramente sospechoso.

Así pues, el inspector Trent se ve obligado a llevarse a Damien para interrogarle, y esta parte es la que tiene mayor acción ya que no tardan en averiguar quién es el verdadero asesino, y deben darse prisa para evitar que mueran más mujeres, entre ellas, la sirvienta Mary y la hermana de Darcie, Abigail.

Sally Booth, una de las prostitutas que trabajan para Abigail, es asesinada en el patio trasero de su prostíbulo.

Sally Booth, una de las prostitutas que trabajan para Abigail, es asesinada en el patio trasero de su prostíbulo.

La relación de Darcie con Abigail también cambia en la segunda mitad de la novela. Al principio, Abigail es una mujer de trato difícil. Tras haber sido traicionada por el hombre que amaba, se ha convertido en una mujer rencorosa, amargada y alcohólica. Después de que una de sus chicas aparece descuartizada en el patio trasero del prostíbulo, Abigail decide abandonar el oficio, cerrar la casa y rehacer su vida en el campo.

Cuando están a punto de atrapar al asesino, Darcie tendrá que tomar la decisión más importante de su vida: confiar su vida literalmente  a Damien para salvarle del asesino…

En cuanto al estilo literario, a mi no me atrajo mucho cómo estaban escritas las escenas de amor, y también se detecta un excesivo uso en general en este tipo de escenas de palabras como “líquido”, “fuego”, “deseo” o “ardiente”, y expresiones muy tópicas del género y bastante redundantes y repetitivas. El estilo en general recurre mucho a las comparaciones, más o menos originales. Por citar algunas:

El deseo serpenteaba en su estómago, como algo vivo, intentando salir de manera violenta de los límites de su cuerpo.

Ella sentía una opresión en la garganta, como si alguien intentase estrangularla con una cinta de tela.

Sus emociones se elevaron hasta el techo como mariposas que habían sido liberadas de una jaula.

El silencio se propagó y creció, como una flor oscura que enroscaba su fuerte tallo alrededor de ambos.

Eve Silver ridiculiza al asesino de Whitechapel en su novela Deseos Velados (2008)

Eve Silver ridiculiza al asesino de Whitechapel en su novela Deseos Velados (2008)

Un aspecto anécdotico sobre Jack el Destripador es que no me esperaba que la escritora se atreviera a desenmascarar su identidad (hoy día desconocida) en el libro. Lo único que preserva de él es su conocimiento en medicina y su título aristocrático. Lo que me gustó menos fue que le pintase de un sádico y totalmente ido de la olla, su última escena me parece especialmente patética, no me gustó nada que un hombre como éste quede reducido a un simple villano de tres al cuarto . Yo me esperaba un final un poco más sofisticado (que no pudiesen atraparle por ejemplo), un poco más cercano a la representación pura del mal, que a fin de cuentas es lo que simboliza.

Valoración: 8 / 10.

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