CRÍTICA – El Velo de la Noche, de Lydia Joyce

Bella portada de "El Velo de la Noche" (2006), en la edición de Manderley.

Bella portada de "El Velo de la Noche" (2006), en la edición de Manderley.

Datos del libro

Título: El Velo de la Noche (2006).

Título original: The Veil of Night (2005).

Serie: No pertenece a ninguna serie.

Editorial: Manderley.

El género histórico romántico no es de mis preferidos pero cuando vi este título de saldo no dudé en llevármelo a casa. Lo leí a duras penas durante las Navidades, y he tenido que esperar hasta esta noche fresca y lluviosa para decidirme a subir esta crítica. Son varias las razones que me impulsaron a comprarlo, primero, me sonaba el nombre de la autora como de alguien de cierto prestigio, y segundo, la belleza de la portada (que acabaría siendo superior por una vez al contenido del propio libro), que anticipaba una historia con regusto gótico, una de mis debilidades.

El Velo de la Noche” es una novela con una prosa muy cuidadosa y elaborada, a veces en exceso, pero en mi opinión, se nota demasiado que se trata de la novela de una escritora en sus inicios. Los protagonistas no me acabaron de enganchar, la historia se hacía densa y costaba meterse, a pesar de contar con buenas escenas amorosas (en especial, una relacionada con un postre de frutas). En conjunto, se me hizo muy artificial, aunque se agradece la ambición de la autora por su excelente trabajo en el plano literario.

Sinopsis

Lady Victoria Wakefield llega a la remota mansión del Duque de Raeburn con la intención de persuadirle para que no se cobre una deuda de juego que mantiene con el calavera de su hermano Giffon. Ambos son personajes muy poco típicos de la alta sociedad, aislados de esta y envueltos en pesadas máscaras que ocultan su naturaleza apasionada, se reconocen mutuamente, y deciden introducirse en una relación amorosa que llevará a excarbar en sus pasados atormentados para superar sus demonios internos.

Crítica

Ilustración original del catalán José del Nido, especializado en ilustrar títulos de fantasía y romántica.

Ilustración original del catalán José del Nido, especializado en ilustrar títulos de fantasía y romántica.

Novela histórica, debut de la escritora Lydia Joyce, ambientada en plena época victoriana, en un castillo remoto y en ruinas del norte de Inglaterra, el escenario evoca principalmente una ambientación gótica, con el castillo permanentemente a oscuras y lleno de sombras fluctuantes.

Pero lo más llamativo de esta novela está en lo bien que este lóbrego escenario se refleja en el oscuro pasado y carácter de sus personajes, fuertemente traumatizados por algún hecho siniestro de su pasado que saldrá a la luz con su forzada relación -han establecido un trato con el que el Duque perdonará las deudas del hermano de Lady Victoria si ella pasa una semana a solas con él en el castillo-.

Los protagonistas son de lo más atípico, extraños pero no del todo convincentes. Atípico porque su carácter actual está marcado a fuego con algún trauma que les marcó en el pasado y descubrir el secreto del otro es el objetivo que se imponen los dos como un medio de tener poder sobre el otro. Ninguno quiere revelar nada sobre su pasado pero, involuntaria e inconscientemente, acaban revelando algo que hace que el otro hurgue un poco más. Al mismo tiempo, los dos utilizan lo que saben del otro como arma arrojadiza cuando se sienten vulnerables. Esta es la relación que se establece entre ellos desde el mismo momento en que se conocen.

También es atípico porque es obvio -en especial en el caso de Victoria, cuyo punto de vista es un poco más principal que el del Duque- que su trauma la cambió de una forma radical, mató cuanto ella era de verdad y la hizo asumir un disfraz totalmente falso, la hizo enterrar toda su exuberante vitalidad (ella tiene curvas, es voluptuosa, carnal, y tiene una gran experiencia sexual) para convertirse en una solterona de 32 años, gris y severa (la adjetivación que se le dedica es bastante dura y fea). De su pasado se intuye en los primeros capítulos que fue posiblemente un desengaño amoroso después de una relación bastante carnal.

Parece que desde entonces, Lady Victoria no solo se ha cerrado a cualquier tipo de nueva relación, proyectando de sí misma una imagen de “solterona” sexualmente reprimida, que ha enterrado cualquier atisbo de atractivo sexual para los hombres, sino que, más interesante aún, parece vivir única y exclusivamente de su buena imagen ante la sociedad, de las apariencias sociales, el buen nombre, de las únicas cosas que se permiten desde el convencionalismo y la respetabilidad social. ¿Es casualidad que se llame Victoria?

Esto es un rasgo esencial para entender por qué Victoria toma la decisión de acudir al castillo -en contra de la voluntad de su propia madre- y pedirle al Duque que perdone las deudas de su hermano Giffon. No acude para salvar el nombre de su hermano, sino el de su familia. A esto habría que añadir que parece que ella se está preparando para dirigir las propiedades familiares a la muerte de su padre. No está particularmente interesada en salvar a su hermano Giffon de la cárcel, el cual es descrito exactamente como un calavera, a quien poco le puede interesar la reputación familiar y más bien es descrito por el Duque como algo similar a un pervertidor de mujeres.

El descubrimiento de José del Nido ha sido un auténtico hallazgo, superior al contenido de la propia novela Lydia Joyce.

El descubrimiento del ilustrador José del Nido ha sido un auténtico hallazgo, superior al contenido de la propia novela de Lydia Joyce.

El Duque pretende vengarse de él, hiriéndole en el honor familiar, pero comete un fallo bastante grave al no comprender que a Giffon no le importa mantener la reputación de su familia intacta, tal como le señala Victoria. Esto revela un fallo de juicio de carácter bastante importante, porque es el mismo núcleo de la venganza del Duque.

Del Duque se conoce bastante menos, pero su carácter actual y su pasado es descrito en términos igualmente oscuros y misteriosos. En los primeros capítulos, se dice de él que vive al margen de los convencionalismos -justo al contrario que Victoria- y que fue un libertino. En el momento en que se conocen, él ya lleva un periodo de varios años aislado de la sociedad, encerrado en el oscuro y casi inhabitable castillo con unos pocos sirvientes e incluso se rumorea que pueda padecer algún grave defecto físico (el título del duque ya proporciona serios indicios). El motivo de su retirada pudo ser un enfrentamiento con Giffon, en el que una joven resultó malparada, pero ciertamente los datos que se saben de lo ocurrido son escasos y dispersos, y desde luego, poco claros.

Es un planteamiento bastante curioso mostrar el desarrollo de su relación a través del descubrimiento de cómo su pasado ha marcado a los protagonistas de una forma tan atroz, como una especie de condena a la oscuridad más literal. Este descubrimiento se irá realizando de una forma gradual a través de sus tensos diálogos y de una forma física -simbolizada en la primera vez que el Duque la desnuda, cómo se va deteniendo la autora cuidadosamente en cada detalle de las capas de ropa de las que éste la va desposeyendo.

Pero posiblemente lo que lo hace verdaderamente original no es tanto el argumento, como el estilo literario al que recurre, especialmente, las referencias góticas a la oscuridad y lo tenebroso y cómo éstas se reflejan en el propio carácter oscuro y lúgubre de los personajes: severo y duro en el caso de ella, y libertino y sin conciencia en el caso de él. Es una prosa muy brillante y trabajada.

La primera escena entre ellos es clave para entender cualquier desarrollo posterior y por desgracia es aquí donde la autora no me convenció. No sabría bien cómo explicarlo, pero obtuve una sensación de algo artificial, y hasta cierto punto, pretencioso, me sentía como si se me estuviese obligando a creer en algo, y aquí llaman la atención varios aspectos.

El primero, es que, por la forma en que se presentan los personajes al principio, es difícil que sientas conexión emocional alguna con ellos. Giffon con su imagen de villano siniestro -acentuado por las escasas y medio veladas insinuaciones que hacía el Duque

Otra de las bellas ilustraciones de José del Nido.

Otra de las bellas ilustraciones de José del Nido, que da un giro radical a las clásicas portadas escandalosas de la novela romántica.

sobre él- daba verdaderos escalofríos. Pero los protagonistas daban poco material con el que simpatizar, esa es la verdad. Ella es representada al principio como una mujer severa, fría, dura, cruel y hasta malvada. Y él todo lo mejor que piensa de ella al principio es que no le importaría acostarse con ella más o menos como un juguete sexual, como alguien de usar y tirar, y además, el Duque es un personaje particularmente difícil de descifrar, es muy opaco en sus emociones -o más bien, falta de ellas.

Tampoco he sido capaz de captar por qué sienten tanta fascinación sexual mutua de repente. Como salido de la nada, ella desea que él le pide que se quede y fantasea con la posibilidad de tener un último revolcón antes de volver a su vida de solterona. Escrito así, no parece una posibilidad imposible, pero la impresión que me dio esta escena es que tanta atracción no estaba suficientemente fundamentada.

La clave para no poder conectar con los personajes está en la distancia emocional (marcada por el mismo estilo literario, denso y cargado de adjetivos y profusas acotaciones entre diálogos) que imponen al lector con ese carácter duro, oscuro, y a veces, cruel. Al principio, cuesta ver cómo son de verdad, llegar hasta sus corazones, porque realmente ya no los tienen, los han dejado tan enterrados, que no parece más que sombras salidas de la misma oscuridad. En su forma actual, no hay nada en ellos que suscite amor o empatía.

Tal vez por eso, es difícil creer cómo es posible que sientan tanto deseo carnal hacia el otro, cuando sus almas están tan profundamente rodeadas de oscuridad y frialdad humanas, tan faltas de verdadero amor y calidez, preocupados en objetivos fríos y mundanos: dirigir una propiedad, ejecutar una venganza.

Al fin y al cabo, el deseo carnal es algo relacionado con lo exuberante y lo vital. No me basta con leer una y otra vez cuánto notaba ella que él la deseaba. Al contrario, él aparece como un ser frío, robótico, controlado en cada cosa que hace. Imagino que en otro tiempo fueron sin duda seres vitales y fogosos, pero no alcanzo a sentir el deseo que supuestamente sienten ahora…

Retrato evocador de lo gótico, otra de las ilustraciones de José del Nido para un título de romántica histórica.

Retrato evocador de lo gótico, otra de las ilustraciones de José del Nido para un título de romántica histórica.

Tampoco me creo que sea real la fascinación por sus respectivos pasados. El discurso final que el Duque le dirige a Victoria en esa primera escena -barruntando de forma grosera sobre sus orígenes, lo que daría inicio para todos los diálogos posteriores sobre el tema,- no hizo que me resultara más convincente, usado como está para hacer daño. Podría existir un cierto interés, pero a mi no me dio la impresión de que ese interés fuera verdaderamente genuino. En el caso de Victoria, hasta entonces, desde luego, no parece demasiado intrigada sobre quién es él realmente, ni antes ni después de conocerle. Él estaba fuera de su círculo, nunca se hizo preguntas sobre él. De hecho, la primera vez que ella le echa en cara su pasado misterioso, no es precisamente con el objetivo de saber más cosas sobre él, sino con el fin de aplazar su primer encuentro sexual. Y después, ella asumirá la costumbre de contraatacar con preguntas sobre el Duque, cada vez que éste intenta interrogarla o hacer suposiciones sobre el pasado de ella.

La realidad es que ambos son dos desconocidos que se acuestan por primera vez al día siguiente de presentarse, la información da poder, y sólo es posteriormente, cuando se ven en una situación de encierro forzado, cuando los dos la necesitan desesperadamente como medio de dominar y conquistar al otro. Los dos intentarán proteger su orgullo a toda costa e impedir que el otro les despoje de él y les deje vulnerables.

Hay otra pega importante, y que hace este punto de partida poco creíble. Se nos presenta a Lady Victoria como una mujer preocupada única y exclusivamente por el buen nombre de su familia. Y esto es tan importante tenerlo en cuenta, porque proteger su reputación es el único motivo que la lleva a visitar el castillo del duque y, prácticamente, el único objetivo de su existencia y, por tanto, un rasgo esencial de su carácter, por lo que lo natural sería que tomase un extra de precauciones en todo lo relacionado con su persona en la sociedad.

Otra hermosa y delicada ilustración del refrescante José del Nido. Muy buen gusto.

Otra hermosa y delicada ilustración del refrescante José del Nido, de muy buen gusto.

Luego, es difícil creer que pueda avenirse casi sin protestar al trato denigrante de convertirse en la prostituta de un Duque de forma transitoria -por una semana, y despojada de su propia doncella personal- y por si fuera poco, dejando por escrito el trato, para que cualquiera con una mente más sucia pueda tener pruebas con las que extender rumores.

La otra pega que ya mencioné se refiere al error de juicio que comete el Duque con Giffon, un error craso en mi opinión, porque se supone que el Duque es un libertino con amplia experiencia en el mundo, y además conoce lo suficiente a Giffon como para imaginar lo desalmado que es y cuáles pueden ser su estilo de vida y sus objetivos en ésta. Pensar que a Giffon no le puede importar nada en absoluto la reputación familiar, es sencillamente, en mi opinión por lo menos, un juicio de carácter básico, y resulta ridículo y un tanto grotesco la forma en que el pobre Duque se da cuenta poco a poco de que su maravilloso plan de venganza se ha ido al traste cuando Victoria le hace esta observación.

En conjunto, estamos más bien ante un drama psicológico, ambientado en la represiva época victoriana, de ahí los tines góticos. El sentido del humor (exceptuando la escena de la ropa interior) practicamente brilla por su ausencia, lo que por desgracia no hace la historia más llevadera.

Valoración: 7/10.

2 pensamientos en “CRÍTICA – El Velo de la Noche, de Lydia Joyce

  1. Estupenda entrada sobre este libro, del que jamás había oído hablar. Me atrae bastante por esa ambientación gótica que comentas.

    Por cierto, no conocía a este ilustrador, pero voy a buscar más portadas suyas.

    Un saludo

  2. Muchas gracias por tus comentarios, Condesa.

    A pesar de que la historia romántica no me acabó de convencer, tiene en general muy buenas críticas en otros sitios webs, y pienso que su calidad literaria es lo bastante alta para que sea una lectura recomendable.

    Saludos 😉

    Intrépida.

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