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Crónica del concierto de Nigthwish en Barcelona o de cómo Anette se metió al público en el bolsillo

Siempre me pareció que leer crónicas de conciertos es un absoluto aburrimiento, ya me pasaba cuando leía críticas de conciertos de Oasis. A veces se meten a describir cosas técnicas de las que no tienes ni idea. Intentaré comentarlo de forma que sea lo más interesante posible para quienes no pudieron asistir.

La Sala Razzmatazz es una sala más bien pequeña y cutre, nada que envidiar a las que te puedas encontrar en Valencia, por cierto. Bien comunicada, enclavada en el típico polígono industrial. Como suele ocurrir, las horas de espera antes de un concierto son lo peor que hay en el mundo, más de cuatro horas de pie, antes aún de poder entrar, y con frío helador. Al llegar nosotros, habría unas cincuenta personas en la cola. Por cierto, que fue muy gracioso porque mi acompañante era el único chico de la cola que llevaba una camiseta roja. Mejor dicho una camiseta de un color distinto del negro.

Pero lo cierto es que no fue tanta gente como para abarrotar el local, en la parte de atrás había mucho sitio libre.

Los teloneros Pain, tocaron una media hora y lo más relevante de ellos es que me dio la impresión de que tocaron una versión de un tema de los Beatles.

Por fin, llegó el momento más esperado y deseado. Con una sencilla decoración, basada en una especie de grandes cuadros a ambos lados del escenario representando un mar tormentoso, hicieron su aparición los chicos y chica de Nightwish, con una espectacular Bye bye beautiful. He de decir, que Anette hizo suyo totalmente el escenario, maravillándonos a todos, con su estilo y una gracia natural para moverse, saltar, brincar, bailar y animar sin cesar al público, sin dejar de sonreír ni un solo momento y de hacer carantoñas a sus compañeros y al público (Barcelona, the most beautiful city of the world) y la no menos calurosa respuesta del público. La verdad es que se notaba que los Nigthwish se lo pasaban genial, tanto Emppu como Marco, no paraban de sonreír, correteaban de un lado a otro y continuamente se acercaban al público y les arrojaban púas, agua, y de todo (en un sitio leí que Anette les arrojó incluso piruletas).

Y qué decir, de Tuomas, el compositor y cabeza pensante del grupo, capaz de fascinarnos simplemente con estar allí detrás de los teclados, con el cabello oscuro y sudoroso, meneando la cabeza como si le hubiera dado un ataque epiléptico, y tecleando como un poseso.

Después de Bye bye beautiful creí que Anette se nos moría, estaba tan empapada de sudor que parecía que le hubieran arrojado un cubo de agua. Hacía mucho calor en aquella parte de la sala estaba, mal ventilada, donde la gente estaba tan apretujada.

En cuanto al aspecto Anette optó por un estilo muy juvenil, con dos coletas y unas alegres medias rojiblancas. En la canción The Islander, preciosa por cierto, salió a hacer los coros con una corona de brillantes. Anette transmitía mucha dulzura y vitalidad, energía y dinamismo. Ciertamente quedé fascinada por su forma de bailar, al final y al cabo, son un grupo de metal. Como he leído tantas veces, este estilo de Anette es muy duramente criticado por los fans de toda la vida de Nightwish: siempre meneándose, siempre sonriendo. A mí, sin embargo, me encanta su estilo juvenil y fresco.

Anette en el escenario, con aquel vestido sin tirantes, para estar más fresca, no llegaba a disimular completamente su edad, que desconozco, pero sin duda sobrepasa la treintena. Lo primera impresión que me dio es que se la veía gorda, fondona, con la tripa marcada y los brazos fláccidos. Debería hacer pesas, y los demás chicos también, ¡especialmente Tuomas!

El concierto siguió su curso, hasta llegar a la que sería probablemente la interpretación más espectacular de la noche, con la canción de Poet and the Pendulum. Tenía una gran curiosidad por saber cómo tocarían este tema, no solo por la orquestación, sino por las partes vocales de estilo operístico cantadas por Annette. Al final, optaron por la vía más fácil: el playback, lo que no hizo menos espectacular la canción pues las partes a la guitarra eran fantásticas, pero también dices, que para oír un pregrabado de estos, no me hago 500 km (o los que fueran). ¡Me lo reproduzco en mi casita! Aún así fue espectacular, casi el mejor momento diría yo.

También me sorprendió gratamente que tocaran el instrumental Last of the Wilds, y dar así un descanso a la sudorosa Anette, que regresaría después con las dos últimas canciones del concierto: Sahara y Nemo. De Nemo no me acuerdo, pero de Sahara me desgañité cantando el estribillo. Bueno, más bien me desgañité en todas las canciones y cuando no me sabía los estribillos, ¡me los inventaba!

Después de un parón de varios minutos, regresaron para tocar Seven Days to the Wolves, y aquí servidora empezó a sentirse realmente mal, sobre todo porque la canción no me gustaba nada. Incapaz de sintonizar con ella, tuve que abandonar mi precioso puesto en las primeras filas para refugiarme contra la barra del bar, para mayor enfurruñamiento de mi amigo, el cual tuvo que apelar con grande esfuerzo a su sentido de la caballerosidad (cualidad de la que no anda muy sobrado) para acompañarme hasta la barra. Así, la última parte del concierto, la vi de forma más distanciada y sin tanta implicación emocional, ya que por mi parte, ya estaba muy cansada y deseaba que se terminara cuanto antes y salir de allí, eso sí, antes de pagar un pastón por una camiseta XL de Nightwish para Alfredo (de mi talla no tenían las que me gustaban).

Me decepcionó que no tocaran temas como Eva o Come cover me, esta última sí que la tocaron en Madrid, parece ser que con bastante éxito. Estoy bastante encantada con ellos y en las semanas siguientes no dejé de poner una y otra vez su disco, es de esos eventos que recuerdas durante un tiempo.

Ahora incluso estoy recuperando viejas canciones, aunque aún me falta para ser una fan entregada (creo que nunca había visto tantas chicas vestidas de góticas juntas en mi vida). Nunca se me olvidará el mar de escotes enmarcados de tela oscura y ojos excesivamente maquillados con línea negra, entrevistos entre la neblina, al dirigirme hacia la barra, en mi lucha contra la deshidratación.

Sobre Nightwish o de cómo me enamoré de una banda de metal sinfónico

Lo primero decir que soy seguidora de Nightwish desde hace muy poquito, así que de los discos anteriores a su último CD (Dark Passion Play) solo me sabía algunos singles: Come cover me, Nemo, She’s my sin, y poco más, y de ahí que hubiese canciones que no reconocí cuando las tocaron en su pasado concierto en Barcelona. Solo tocaron Nemo que yo reconociera pero entonces aún no le tenía mucho aprecio a esta canción.

En cuanto a las habilidades vocales de la nueva cantante, Anette, sobre si destrozó o no antiguas canciones cantadas originalmente por Tarja (la anterior cantante) pues no puedo opinar porque principalmente, yo siempre asumo que cualquier cantante en directo siempre, siempre lo hace peor que en el disco, y sobre lo segundo, decir que esas antiguas canciones cantadas ahora por Anette simplemente no las reconocí, como para comparar voces. Yo comprendo que no lo podía hacer igual de bien, además prefiero con mucho disfrutar de lo que me ofrecen a quejarme amargamente de lo que no me ofrecen. Esta postura mía es muy diferente de los seguidores de tiempo atrás que tiene este grupo.

En cuanto al disco diré que para ser metal me sorprendió mucho, porque sus anteriores discos me parecieron de entrada más densos y pesados en cuanto a guitarras. Es más, para mí sonaban más a un grupo de pop (a juzgar por este último disco). Por algo la canción más bonita del disco es Eva, un temazo que no puedes evitar emocionarte cada vez que lo escuchas.

Más tarde, me enteré de que el mayor sacrilegio, el pecado más vil, para un grupo de metal gótico, es ser pop, porque para ellos es sinónimo de comercial, que es lo peor que se puede ser en el mundo.

Bueno para mí significa algo distinto, supone primar el sentido melódico de la canción para hacerla más pegadiza, si además, le añades un cierto toque dramático, la canción es 10 para mí. Y eso lo consigue Nightwish en más de la mitad de las canciones, con lo que podéis decir, que es un disco bastante bueno. De hecho, las canciones que más gustan de este disco son The Poet and The Pendulum, Bye Bye Beautiful, Amarath, Eva, Sahara, The Islander, Last of the wilds, Meadows of heaven y Master Passion greed.

Es decir, más de la mitad del disco. Para mí la mayoría de las canciones son singles en potencia.

Y además, otra cosa buena que tiene es que los temas son de muy variado pelaje, hasta incluye dos cortes celtas (un instrumental y una balada preciosa cantada por el bajista Marco), otra balada absolutamente pop pero igualmente maravillosa: Eva, y un tema épico con una increíble y soberbia orquestación, de muy buen gusto, de 13 minutos. Variado en cuanto a su recurso a la orquestación clásica, uso de coros, alternancia de voces principales entre Anette y Marco, uso de instrumentos célticos como el fiddle, es más que notable por los recursos de los que han echado mano.

La impresión que me dio es que es un disco elaborado con un absoluto detalle y cuidado, pero que no deja de presentar una enorme sencillez en cuanto a las melodías propiamente dichas (que se recuerdan principalmente por el estribillo, lo que sigue la estructura básica de una canción pop). De hecho, en varias canciones el estribillo te lo presenta introducido al inicio de la canción por el teclado, guitarras u otro instrumento, por ejemplo de viento. Mi mayor problema con este último disco es que a veces encuentro los temas demasiado convencionales, o no tienen ese sentido dramático que me gusta tanto, como ocurre con Cadence of Her Last Breath.

En cuanto a las letras, no les encontré mucho sentido, así que perdí el interés por ellas, exceptuando por Bye bye beautiful que está dedicada a la anterior cantante, y me encanta por ello el estribillo, que es algo así como una especie de sucesión de reproches en forma de preguntas retóricas:

¿Oíste alguna vez lo que te dije?

¿Leíste alguna vez lo que te escribí?

¿Escuchaste alguna vez lo que tocamos?

¿Comprendiste alguna vez lo que el mundo decía?

¿Llegamos tan lejos solo para sentir tu odio?

¿Cómo puedes estar tan ciega, no lo entiendes?

¡Elegiste el camino largo pero estaremos esperando!

¡Adiós, hermosa!

Sin duda las letras están plagadas de referencias literarias y quién sabe sacadas de dónde, el caso más obvio es The Poet and The Pendulum, una épica canción de 13 minutos en obvia referencia al relato de Poe, imagino, El compositor ha muerto. / La cuchilla cayó sobre él.